El Chavismo: “La Fábrica de mendigos…”

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La mendicidad como uno de los oficios más antiguos del hombre siempre es imputada, aunque “cautamente”, de ser principal causante de los desajustes sociales de la humanidad. La miseria germinada en regímenes marxistas, por contrario, es secuela de un pensado designio de grupos “con poder” para defender subrepticios intereses particulares. La grafía marxista, “igualitaria e idílica” como la cubana, evidencia la ruina de esa ideología. Chávez, ávido de poder, coreado por rezagadas mentes afiebradas, inició el proceso de convertir al país en una gran fábrica de pobres.

La realidad venezolana así lo evidencia. El gobierno socialista niega la existencia de la pobreza mientras impulsa la mayor obra de caridad de toda nuestra historia: “la limosna”. Ya casi ni nos sorprende ver en nuestro trayecto diario a cientos de mendigos removiendo basuras o extendiendo sus manos en posición de “pordioseo clásico” para subsistir. La mendicidad institucional inducida es la peor. Aquella que se formaliza a través de acciones gubernativas con rótulos jactanciosos como “CLAP, Mercales o Misiones”, etc.

Nadie en sano juicio desea para sí que la indigencia se convierta en práctica común y pase a formar parte de su cultura. Ciertamente el pobre requiere ayuda para subsistir; lo que no se logra dosificando paquetes de CLAPS sino creando empleos dignos para que ese pobre pueda elegir qué y cuándo comprar. El pobre requiere de ideas y faenas viables que lo ayuden a discernir los múltiples conflictos que lo rodean. ¿Las tiene la revolución?

Mientras el gobierno reparte limosnas, jóvenes de todos los estratos sociales, herederos para confrontar el futuro, emigran para no engrosar la sistemática lista de carencias extendidas por el país. La migración de los más capaces hace que los países ricos se hagan más ricos y los pobres, como el nuestro, más pobre. Refiriendo la pobreza como ineptitud técnica para atender los retos del desarrollo. Mientras el precio de las materias primas como el petróleo disminuye o se estanca, el de los productos manufacturados se elevan. Los controles ideológicos solo acrecientan la pobreza.

Ante esa dura realidad, al régimen sólo se le ocurre desplegar limosnas que reparte, o mejor que vende, en morrales con comida elaborados por la industria privada (caso Polar). El gobierno orienta su acción como un “jubileo revolucionario” sin entender los conflictos que genera como por ejemplo con el aumento de embarazos en menores por falta de anticonceptivos. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas (jul-2016), Venezuela registra la más alta cifra de adolescentes embarazadas de Suramérica: 101 nacimientos por cada mil mujeres entre 15 y 19 años. El promedio para América Latina es de 76 por cada mil. Además de cada 100 partos, 25 son menores de 15 años. ¿No se ensancha la mendicidad entre menores que entre otros factores deben ocuparse de la crianza de sus hijos y lidiar con la carestía de la llamada lecheFórmula para bebés?

No es creando “Estados Mayores” para cada área social como se acometen los conflictos sociales; tampoco a través de la represión. La línea de separación entre la conversión y opresión es siempre muy borrosa. “Los formados” o en formación para asumir el desarrollo del país siguen emigrando mientras la producción de bienes y servicios decrece vertiginosamente. No es buen augurio que la tasa de natalidad siga incrementándose en la población más insegura (niñas). ¿Qué queda para las futuras generaciones? ¿Más Claps?

Los expertos que se preocupan por desarrollar la infraestructura y apostar por instituciones que posibiliten cambios racionales, así sea lentamente, no son escuchados. Faltan instancias oficiales que auscultan a los expertos de cada área para restablecer la armonía productiva hoy deteriorada al máximo. No es cuestión de revolución, socialismo, arrebato ni quijotismo sino de productividad para atender la creciente población. Las dádivas, además de empobrecer, agravian al más pobre. Basta ver el ejemplo cubano para corroborarlo.

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