“Tener harina o no tener harina, ¡ He ahi el Dilema..!”

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La terrible tragedia del príncipe Hamlet es una de las obras mas universales de William Shakespeare-no por pura casualidad.Esta historia se repite como refracta, en el espacio y el tiempo una y otra vez,con sus variantes, claro esta.
Oct 10, 2016
Durante siglos, sobre todo a partir de la revolución industrial iniciada en El Reino Unido en la segunda mitad del siglo XVIII, la empresa privada y la propiedad individual aliada al progreso tecnológico lograron aumentar el rendimiento económico y bienestar social de generaciones sucesivas sin importar el carácter de los diversos matices políticos. Desde entonces ganó preeminencia la independencia personal en los procesos industriales y públicos.
El innegable poder que de hecho alcanzaron las llamadas corporaciones incidió, por razones obvias, en la expansión de la libertad personal y ampliación de los derechos individuales. Este fenómeno logró, podría decirse que institucionalmente, un sustancial incremento del estímulo al trabajo y la extensión del tiempo de ocio. Ciertamente las condiciones de confort no estaban, ni aún están, equitativamente distribuidas entre los diversos países del hemisferio capitalista. ¡Pero en todos ellos hay harina!
El marxismo levantó banderas contra el perverso sistema capitalista hincando su propaganda en un “equitativo y funcional” sistema que conduciría al anhelado igualitarismo.
A la sazón no podía aceptarse que la eficiencia productiva y el beneficio de la clase empresarial que echaron raíces en Europa y Norteamérica se extendieran por el resto del mundo.
Chávez, molesto ante esa insolencia capitalista, zambullido en ingentes ingresos venidos de convenios petroleros con el adalid del capitalismo, decidió ir contra la corriente y catequizarse como “líder moderno del marxismo”. ¡Pero ahora no hay harina!¿Qué hay entonces? ¡Nada! Faltan no sólo la seguridad y las pastas; también aceites, leche, café, insumos médicos, medicinas primarias, enseres de limpieza, repuestos, etc. En otros ámbitos: caos de servicios públicos como el El Seguro Social; deterioro de redes de comunicación; falta de medicinas, transporte, vivienda, vestuarios, útiles escolares y un sinfín de etcéteras mientras “la patria” descuella por capitanear la inflación más alta del mundo. El FMI la estima para el 2016 por encima del 700%. Mientras tanto ¡no hay harina!¿Es ese el estándar social que el régimen llama a defender? El único “aliciente” recurrido por el quijotismo marxista para preservar este demoledor “Estatus Quo”, es que todo venezolano debe “sentirse feliz” custodiando con celo el legado de un gran patriota propiciador del Socialismo del Siglo XXI. Están tan lejos de la realidad que ese mismísimo pueblo que votó por Chávez es el que clama por la activación de empresas privadas que aseguren la provisión de bienes como la harina porque en este momento ¡no Hay!
El concepto de propiedad privada no sólo es aceptado sino buscado ávidamente por todos los países incluidos los llamados “socialistas”.
Ahora se revelan con insistido interés para seducir a inversionistas privados honestando el concepto de propiedad privada como algo útil. Entretanto nuestro gobierno persiste en agraviarla. La canciller venezolana debería reclamar con su rigor de costumbre a los chinos, rusos y vietnamitas, entre otros, por su osadía de integrarse a “las viles corporaciones tras-nacionales que exprimen a los pueblos”.
Pero es que en esos neos capitalismos ¡sí hay harina; y mucha!Solo la organización privada puede impulsar los cambios cuando se requieren. Por ejemplo, en 1960 se confirió a la empresa privada (COSAT) todo el proceso de comunicación desde el espacio con el planeta para entablar el diálogo con los astronautas no obstante que la investigación espacial estaba clasificada como “secreto de Estado”. ¡Eso sí es revolución!; ¡no la falta de harina!
El pueblo no puede seguir cohabitando con el hambre forjada por un idealismo nocivo. No importa que el CNE persista con artilugios tontos para retardar el cambio exigido por el 80% de la población; tampoco que la atosigadora propaganda oficial siga exaltando las bondades de la revolución y la personalidad patriótica del “gran hombre”, mientras se acrecientan las inmensas colas a las puertas de abastos para que luego de varias horas de espera sean disueltas por fuerzas del orden público arguyendo que ¡ya se acabó la harina!

“… La conciencia nos hace cobardes a todos.” Hamlet, por William Shakespeare.

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