El “paraíso” en el que conviven los bachaqueros de Catia

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Caracas, 9 de febrero.- En el bulevar de Catia, frente a una perfumería, miles de mujeres y hombres “se matan” por tomar un número que reparten al final de una cola. Muchos de los que están allí tienen un objetivo: comprar productos de la cesta básica para después revenderlos.

Son miles las personas las que se dedican a este comercio que, día a día, parece multiplicarse ante la mirada cómplice de la sociedad y de algunas autoridades. Mafias organizadas que extraen de los supermercados, perfumerías y tiendas productos básicos para luego revenderlos en las calles con precios especulativos.

Esta situación encuentra su punto álgido en la parroquia Sucre, populosa zona de la ciudad capital, donde cada día el bachaqueo, lejos de ser un negocio ilegal que se ejerce de manera cautelosa, sigilosa, se convirtió en algo que se vocifera a voz en cuello y a la vista de miles de personas que transitan por una transversal llamada Washington, entre las calles Colombia y México.

Es mediodía del miércoles y la calle es un frenesí: “pasta barata, pasta barata”, repite monótonamente un vendedor que lleva dos paquetes de este producto en sus manos. Más arriba ofrecen azúcar, leche, arroz, aceite, harina de maíz precocida, pasta dental, jabón de baño, papel higiénico, y otros codiciados productos que brillan por su ausencia en los supermercados. Nada es “barato”. Nada es accesible. Todos los que circulan por el lugar preguntan el precio, tragan hondo y prosiguen su camino.

Por el medio de la calle Washington, los bachaqueros abrieron un callejón estrecho en donde ejercen su macabro negocio. A cada lado se ubican exhibiendo sus productos, los cuales colocan a ras del piso. Algunos colocan lo empaques de jabón en polvo, azúcar o leche dentro de bolsas negras. Bajan las asas un poco para hacer más visibles los bultos a los posibles consumidores. Dos motos en las cuales se trasladan cuatro efectivos de la Guardia Nacional (GN) pasan como un celaje verde por la calle Colombia.

Tal vez, los efectivos verde oliva regresaban de un ajetreado operativo o se dirigían a atender una emergencia, porque no le pararon ni un comino a los cientos de jóvenes que ofrecían productos a precios especulativos en la calle. Las motos surcaron tan veloces, como el movimiento que hicieron los bachaqueros para ocultar su mercancía por un segundo. Minutos más tarde, volvieron a la calle a ejercer sus funciones de especuladores. Cero estrés, cero acoso.

Quienes los surten de mercancía se trasladan en motocicletas. Llegan con bultos de mediano tamaño. Distribuyen el arroz, azúcar o la leche entre unas pocas personas, al parecer todas de un mismo grupo mafioso y se alejan de la zona rápidamente, publicó Aporrea. 

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