Delincuentes aplican nuevos modus operandi para robar en el Metro de Caracas

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Ramón González, presidente del Comité de Usuarios del Metro de Caracas, formula una advertencia increíble: “Los delincuentes usan tizas de color para marcar a las víctimas que robarán en medio del caos del Metro de Caracas”. 

Los niveles de inseguridad en las instalaciones del subterráneo capitalino resultan más comunes que en años anteriores. González cuenta hasta 30 denuncias diarias de pasajeros que se convierten en víctimas, por diversos delitos, en cualquiera de las estaciones distribuidas en toda la región capital.

Por lo regular, el acecho comienza dentro del vagón. Se trata de grupos de por lo menos tres agresores que actúan en conjunto, el primero raya con una tiza a la víctima; el segundo observa quién será su objetivo, y un tercero espera la salida para colocarse delante del potencial asediado, para enseguida trancar su paso con la excusa de recoger algo que por accidente se le ha caído. Ahí, en ese justo momento, se genera una confusión que el trío de victimarios aprovecha para la arremetida.

“Se valen de las horas picos, cuando hay mayor concentración de usuarios”, precisa Ramón González.

Este nuevo modus operandi –poco sofisticado, aunque efectivo para el delincuente– fue aplicado contra Ynés Urbina, ama de casa y vendedora en una tienda de moda en un centro comercial (municipio Sucre), quien luego de ser asaltada en el Metro se dio cuenta de que su blusa blanca tenía un inexplicable trazo verde. Le dijeron entonces que esa era la marca que los delincuentes dibujaban para señalar a los escogidos.

Urbina recuerda lo que le pasó: “Hace semanas, yo venía de mi trabajo a las 5:00 de la tarde y el Metro estaba lleno. Lo tomé con una amiga en Los Dos Caminos para bajarnos en Plaza Venezuela. Cuando salimos del vagón nos vimos en medio de una concentración y gente que gritaba. Yo sentí que alguien me empujó y al salir de la estación me di cuenta que no tenía ni el celular ni un reloj que llevaba en mi bolso”.

Recuerda que su amiga le señaló su espalda debido a que inexplicablemente tenía una línea de color verde; luego de esto otra persona en el lugar les aclaró, con la naturalidad de quien está acostumbrado a los desmanes en el Metro, que se trataba de un distintivo con el que algunos delincuentes fichaban a las víctimas.

“¿Qué podemos hacer nosotros?”, se pregunta Ramón González para responder: “Denunciamos en la página del Metro y la respuesta que siempre recibimos es que tomarán medidas. Hace días el Gobierno colocó policías en las estaciones y eso no está mal, pero esos funcionarios nunca están dentro del andén y muchas veces lo que hacen es chatear con sus celulares”.

El Comité de usuarios del Metro de Caracas se conformó en el año 2007 y González destaca que las denuncias son recibidas a través de la cuenta de Twitter: @comiteusuario.

8 de 10 venezolanos tienen miedo al transporte público

Según estadísticas del año 2016 registrada en el Informe Anual del Observatorio Venezolano de Violencia, hasta 8 de 10 venezolanos que utiliza rutas de autobuses tiene miedo de convertirse en víctima del hampa. Esta proporción se replica en el sentimiento de amenaza que experimentan los usuarios del Metro de Caracas, el más masivo –y económico– de todo el transporte público de la ciudad.

Ramón González no desestima esta cifra. Lamenta, eso sí, que no haya un censo del Gobierno sobre el número de víctimas en el subterráneo; tomando en cuenta que los delitos más comunes van desde carteristas pasando por el hurto de teléfonos celulares, amenazas con arma blanca hasta asaltos masivos en los trenes.

De acuerdo con su opinión las estaciones de mayor recurrencia de delitos serían: Plaza Venezuela, La Bandera, Capitolio, La Hoyada, Capuchinos, Zona Rental, El Valle (escaleras en dirección a la plaza), Caricuao, Mamera, Antímano y Artigas.

La situación, preocupante de por sí, no solo es propiciada por hombres. Ahora, dice Ramón González, se han incorporado las mujeres, las embarazadas, incluso damas de la tercera edad. “A mí me pasó”, relata. “Me metieron la mano en el bolsillo para sacarme el celular y cuando le agarré la mano a la persona resultó que era una señora de más de 60 años. Al sentirse descubierta me dijo que se había equivocado”.

Infografía: Josman Padrón / Caraota Digital

Una Venezuela sin normas…

Ciertamente, el Metro de Caracas es un retrato del país: Las normas quedan estipuladas solo en el papel. En la práctica se incumplen. En el subterráneo de la capital la amenaza a la integridad es diariamente una compañera indeseada de viaje.

Robos masivos y también selectivos; hurtos, riñas, arrebatones, tiroteos, persecuciones policiales. Los cuentos entre los usuarios no paran. Se precipitan en cada estación con el apresuramiento del miedo, con el semblante de quien es víctima.

“Yo sufrí el hurto de mi teléfono”, dice Wilmer León, un trabajador de seguridad del sector público  que viajaba en la línea 1 hacia el centro de Caracas. “Yo ando como lo hacemos ahora los venezolanos, con dos teléfonos, el personal que escondo cuando voy en el Metro y el que llamamos ‘tostón’, el de bolsillo, el que no te duele tanto si te lo roban. Ese fue el que perdí en uno de esos ´bululú’ que ocurren en Plaza Venezuela. Cuando me bajé ya no lo tenía”.

La abogada Elenis Rodríguez, quien en 2010 asesoró a los miembros del Comité de Usuarios del Metro de Caracas, sostiene que el teléfono celular sigue siendo un implemento demandado por quienes quebrantan la ley.

Distintas formas de intimidación 

Entre Sabana Grande y Altamira, en menos de 15 minutos que supone el viaje de cuatro estaciones –incluyendo Chacaito y Chacao–  los “vendedores” abundan con sus ofertas. Muchas veces engañosas. Y eso se repite a lo largo de todo el subterráneo.

En ese mercado informal en que han convertido el Metro, los “expendedores” caminan entre los usuarios a quienes van examinando en sus posesiones y también en las posibilidades que tienen de llevar a cabo el verdadero objetivo: hurtar.

A veces se asoma la cara del delito en forma de intimidación. Con hombres que han perdido los ojos. Mujeres jóvenes que guían a estos entre el tumulto mientras piden ayuda con la advertencia –ahí elevan el tono– de haber salido de cualquier cárcel del país. Pocos se niegan al exhorto.

En ocasiones, la fechoría se topa de frente con los pasajeros. Mientras abre una puerta se presenta el arrebatador con sus compinches y, acción ejecutada, el grito masivo de un tren que no es escuchado por las autoridades.

Otro escenario son las escaleras de salida, y esto tiene una forma de operar: Un delincuente deja caer algo, enseguida se inclina para recogerlo y acto inmediato se genera el congestionamiento. Esta situación provocada es aprovechada por un “cómplice” quien viene detrás saqueando a los más desprevenidos.

Así le pasó a María Núñez, una publicista que en Plaza Venezuela conoció el rostro de la violencia urbana. “Pistola en mano, me pidieron el celular y yo les pregunté que cuál celular. Me respondieron que no me hiciera la inocente, me empujaron a un rincón y me abrieron el bolso. La gente pasaba y me miraba. Otros murmuraban ‘¡Mira, la están robando!´. Los ladrones se fueron con una tranquilidad asombrosa. Hablé con unos funcionarios y me dijeron que debía ir al CICPC. No lo hice. Nadie escucha en este país”.

En el Metro, como en Venezuela, la impunidad quebranta el buen ánimo del ciudadano.

El Metro, ¿más seguro en 2017?

El anuncio parece prometedor: Un total de 1100 funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana se ha desplegado desde final de enero en todo el Metro de Caracas. Néstor Reverol, ministro de Interior y Justicia, procura, al menos así lo dice, garantizar la seguridad en un sistema de transporte.

El abogado criminalista Fermín Mármol García recuerda en tono de lamento que esta promesa de principio de año llega dentro del Plan Patria Segura de Campaña Carabobo 2021. Viene a ser según este experto el número 26 de todos los proyectos planificados por el Gobierno, apoyándose en la pericia de 16 ministros rotados en 18 años de gestión revolucionaria.

Para la abogada Elenis Rodríguez este hecho de exhibición de la fuerza policial se ha vivido en el pasado. Recuerda que en 2010 el gobierno habilitó un operativo en Plaza Venezuela que involucraba a 50 funcionarios policiales que se encargarían de la seguridad de los usuarios. “Ese compromiso duró muy poco. Después de 20 días los funcionarios ya no estaban en ningún andén. Podías verlos en las puertas de entrada de cualquier estación jugando con su celular”.

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En efecto, los funcionarios actuales exhiben un chaleco rojo en los cuales son identificados como Seguridad Policial del Metro de Caracas. Están activados desde el 27 de enero de 2017. Elenis Rodríguez, también usuaria diaria del sistema de transporte, dice que logró ver a uno en la estación Parque Carabobo, pero no en otras zonas sensibles a la inseguridad como Los Símbolos y Los Cortijos. Esto hace suponerle que la nueva estrategia del Gobierno será tan pasajera como la del año 2010.

Peor aún, varias son las estaciones del Metro de Caracas –con torniquetes inhabilitados– que funcionan con acceso libre. De modo que resulta cada vez más fácil para los ciudadanos –independientemente de sus intenciones–  montar a los vagones y salir con la misma facilidad que han entrado. Así que los delincuentes saben que la inseguridad también viaja a favor de ellos, sin  pagar tickets.

Manual de uso del Metro 

  • La actitud ciudadana en el subterráneo ha mutado desde su inauguración en 1983 hasta la fecha. Hoy se requiere de un pasajero con la conciencia de estar utilizando un sistema de transporte de alto riesgo a la integridad personal. Aquí, algunas recomendaciones formuladas por el Comité de Usuarios:
  • El morral, elemento necesario para llevar útiles escolares o laborales, no se lleva en la espalda. Ahora, por seguridad, se exige portarlo en la parte delantera. Así se evitaría el hurto. O al menos se disminuiría el riesgo de sufrirlo.
  • El celular, elemento codiciado por los delincuentes, nunca se exhibe. Es preferible apagarlo. Muchos lo llevan en partes muy personales.
  • Si se ve obligado a transportar algo de cierto valor en los bolsillos de su pantalón, hágalo en los delanteros.
  • Despójese de cualquier elemento vistoso, relojes, prendas o dispositivos electrónicos.
  • Esté atento en las puertas de entrada y de salida de los vagones. Son momentos potenciales para la acción delictiva y la fuga de los delincuentes.
  • Comprar algo a los vendedores ambulantes en el metro puede resultar contraproducente. De hacerlo, debe saber que se vería obligado a sacar su billetera para cancelar, con la consecuencia de dejar expuesto su patrimonio y su seguridad
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