La violencia y la impunidad: los vecinos más comunes en Carabobo

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13/03/2017

CARABOBO | HAMPA | JUAN MIGUEL MATHEUS | LEY INDEMNIZACIÓN VÍCTIMAS DEL HAMPA | VIOLENCIA |

“¿Sabes qué? Mi papá tiene pistola”, dice un pequeño de tres años al salir de las puertas de zinc de su casa en Brisas del Arenal, en la parroquia Miguel Peña. Camina sin zapatos dando salticos por la calle de tierra. Es hora de almuerzo y el sol inclemente.

Dos vecinas preparan un sancocho para la comunidad. Huele a leña. Todos sudan. Son pocos los árboles. Tan solo se observa una mata de mango que ofrece sombra. Debajo vive una mujer que relata: “A mi prima le mataron al niño hace poco. Tenía 19 años”.

La violencia se asoma por doquier en las 16 calles de la invasión ubicada en el municipio Valencia frente a la Autopista Sur. Es uno de los 14 que conforman el estado Carabobo.

Aun así, no es el más peligroso de la entidad. Según el diputado opositor Juan Miguel Matheus los más violentos son Diego Ibarra, Los Guayos, Carlos Arvelo y Libertador.

“Si seguimos con las proyecciones, diciembre va a cerrar en Diego Ibarra con 161 muertes por cada 100 mil habitantes. Tome en cuenta que el promedio mundial es de 6,3 muertes por cada 100 mil y Venezuela tuvo 92 por cada 100 mil el año pasado”, detalla el parlamentario por Carabobo.

 

Matheus visita los sectores populares como parte del proceso para preparar una Ley para indemnizar a las “víctimas mortales del hampa”. La semana pasada ante la Cámara informó que este proyecto contemplará acompañamiento profesional e indemnización económica a los familiares de las víctimas de la violencia, que en Venezuela son muchas.

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Según la información presentada por el político, basada en datos de las ONG’s y de la Fiscalía, entre enero y febrero de 2017 cada día asesinaron a 50 venezolanos. A dos personas por hora. “Tan solo en Carabobo hubo 267 homicidios”, destacó. Entre 1998 y 2016 incrementaron en 526%.

Iván Medina es víctima de esta situación. Perdió a su madre a los 19 años. Lolimar Castillo fue asesinada de nueve tiros el 29 de septiembre de 2015. Su último respiro lo dio a los 36.

Medina vive en Valencia y denuncia que el único documento legal que le entregaron las autoridades fue el acta de defunción.“No se interesaron ni en investigar las causas de su muerte y me dijeron que había sido un error. Pero nueve balas no pueden ser un error”, se lamenta.

 

El único consuelo que encontró fue unirse a un partido político. Hoy milita en Primero Justicia y aspira representar a “millones de venezolanos y de jóvenes que han sufrido la desdicha de perder a una madre a manos del hampa”.

Iván le responde al presidente Nicolás Maduro, quien ha pedido paciencia ante el desate de la delincuencia. “Pide que tengamos paciencia pero yo no puedo tenerla porque mi mamá no va a volver y no irá a la graduación de mi hermana. Ella vivía dando medicinas en los hospitales. Tenía sus comercios y trabajo. Es injusto que por vivir en su país, le hayan quitado la vida”.

Maduro, el pasado 17 de enero anunció el relanzamiento de la Operación de Liberación del Pueblo (OLP), que ahora tendría una “h” más en su acrónimo pues, según indicó, contarían con un carácter “humanista”. También había informado el comienzo de la Campaña Carabobo 2021 que, según dijo, serviría para ir librando “de criminalidad, de delincuencia, de inseguridad hasta el último barrio, el último callejón, la última cancha, la última ciudad (de la entidad). Yo lo asumo reto, como tarea, los invito a todos”.

La promesa continúa en el aire mientras que entre enero y febrero de este año, cada día, asesinaron a cinco carabobeños. Uno cada cinco horas.  96% de estos homicidios fueron en sectores populares como el barrio la Adobera ubicado a orillas de la Autopista del Este.

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En la entrada una vecina asegura: “Es tranquilo. Solo hay drogas”. Aun así, hay que pedir permiso a la banda de la zona para ingresar. Observan a todo el que entra y sale del lugar desde un mirador a lo alto de la colina.

Este procedimiento se repite en la mayoría de los barrios. Por ejemplo, visitar la invasión en el Parque Valencia resultó complicado para el grupo de políticos ya que hacía pocos días habían matado al “encargado de la zona” y el permiso lo daba uno nuevo.

“Pusieron dos condiciones: que solo podemos ir a dos sectores y no podemos llevar chaquetas. La persona dijo que no se responsabilizaba porque mataron al jefe y ahora la cosa esta revuelta”, comentó un coordinador del equipo de Matheus.

 

98 de cada 100 homicidios quedan impunes, según el diputado. “En 18 años de revolución ha habido 285.000 homicidios”, asegura.

En La Adobera el grupo de políticos logra hacer un casa por casa. “Aquí nunca hemos sido chavistas. Chávez jamás ganó una elección aquí. Ni la del 98”, señala una vecina.

El espectro social en la comunidad se observa en la variedad de sus construcciones. Hay casas con suelo de cerámica y otras con el piso de tierra. En vez de reggaetón, suena salsa. En la de Delia se escucha Isla del Edén.

Vive postrada en su cama. No puede caminar. Tiene una úlcera en la pierna. Sufrió una parálisis en la mitad del cuerpo e incluso hace pocas semanas convulsionó. Asegura, con dificultad para hablar, que “ya no hay doctores cubanos que la atiendan”. Entretanto, la comunidad se organiza para ayudarla. A veces la llevan al hospital y las mujeres se turnan para limpiarle la casa. Tiene un niño de unos 5 años. La acompaña y ayuda pero cuando no está Delia debe arrastrarse por el piso para buscar cualquier cosa que necesite. Su vida es cuesta arriba. Incluso su casa está en una pequeña colina de difícil acceso incluso para las personas sin discapacidades.

A la vecina le dicen Mama Bony. Tiene unos 70 años. Llegó de Granada en los 80 cuando la isla estaba convulsionada. No es la única antillana. Otra negra llamada Minerva, de más o menos la misma edad, se sienta a las afueras de su vivienda y se une a la conversación.

“I used to like Venezuela. I Don’t like it anymore”, suelta Bony, mientras desaparece la sonrisa que mantenía. “En un momento vinieron muchos granadinos pero se están yendo”, añade Minerva.

 

Ambas coinciden en que entre las principales razones de su descontento está la violencia.

Al lado, a todo volumen, suena Rubén Blades: “Cuánto control y cuánto amor tiene que haber en una casa. Mucho control y mucho amor para afrontar a la desgracia”.

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