¡Con medicina pero sin cura!: La odisea de la salud del venezolano

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Caracas, 20 de marzo.– Hay una carta en la que se explica que los portadores de hepatitis C, si no tratan tal enfermedad a tiempo, pueden llegar a padecer una cirrosis hepática y puede causar cáncer de hígado. Para curarse, tal texto señala que para curarse, los pacientes necesitan tomar un tratamiento que cuesta hasta 135.000 dólares. Asimismo, el texto reza que la enfermedad es curable, pero imposible de pagar.

La carta tiene fecha deñ 9 de mayo de 2016 y va dirigida al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, pero hay, entre 2015 y 2016, más de 70 versiones, con pocas modificaciones, y con diversos destinatarios: la Asamblea Nacional, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, el Instituto Nacional de Higiene, la Vicepresidencia de la República, el Ministerio de Industrias y Comercio, el Ministerio de Salud, y sus viceministerios de Recursos e Insumos Médicos y de Salud Colectiva, señala un trabajo publicado por El Nuevo Herald.

María Goncalves –41 años, orfebre, paciente que padece hepatitis C– es quien redactó esas cartas. Las tiene archivadas en una carpeta y las muestra como prueba fehaciente de su esfuerzo. “Mira que no nos hemos quedado con los brazos cruzados. Mira todo lo que hemos recorrido. Mira”, dice parte del texto.

El Ministerio de Salud les a ella y a otros 12 pacientes, el pasado 22 de diciembre de 2015 dosis suficientes de un medicamento de 135.000 dólares que puede erradicar una enfermedad que hasta hace poco era de difícil curación. La entrega se realizó en una ceremonia pública en la que los beneficiarios sintieron que los hicieron parte de un show. Las cámaras no hicieron que la donación tuviera utilidad: el producto venció sin que pudieran usarlo.

Debían ingerirlo combinado con otro medicamento mucho más económico, que antes abundaba en el país pero que en los últimos dos años no ha estado disponible. Buscaron por todas partes sin tener éxito y no pudieron evitar perder lo que habían recibido de manos de las autoridades. Ahora están en un nuevo peregrinaje por otra oportunidad. Esperan que una puerta se abra, porque algo les ha quedado muy claro: tocar no es entrar.

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