constancia que deberán presentar militares tras votar el #30Jul (+Foto) #28Jul

Caracas, 28 de julio.- La periodista Sebastiana Barráez reveló este viernes que el Gobierno nacional ante los elevados niveles de abstención que se producirán en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, impuso una constancia que será entregada a los efectivos de la Fuerza Armada Nacional (FAN) que asistan a ejercer el voto en el proceso comicial.

“De ahí partió la orden de que cada integrante de la Fuerza Armada debe presentar una constancia firmada y sellada por el jefe del centro de votación, donde conste que ejerció el voto. Sin excusa, es la orden. Esa constancia la debe entregar el militar ante el Departamento de Personal de la unidad a la cual pertenece. Que de ahí irá a Gestión Humana de cada componente”, indicó la comunicadora social.

A continuación el texto íntegro publicado en la página web de la periodista:

Es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Han percibido el amargo sabor de ser obligados a apoyar la Constituyente. El hermoso derecho de sufragar, se ha convertido en una imposición. Los diferentes componentes recibieron la orden de girar instrucciones a todo el personal militar para que ejerzan el voto. Pero la situación en la FANB es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad, y en ella hay fuertes divisiones entre quienes apoyan la Constituyente y quienes la consideran ilegal e ilegítima, la jerarquía de la FANB debe asegurarse que los militares voten.

Foto: Cortesía

De ahí partió la orden de que cada integrante de la Fuerza Armada debe presentar una constancia firmada y sellada por el jefe del centro de votación, donde conste que ejerció el voto. “Sin excusa”, es la orden. Esa constancia la debe entregar el militar ante el Departamento de Personal de la unidad a la cual pertenece. Que de ahí irá a Gestión Humana de cada componente. Lo indignante y vergonzoso es que el Gobierno nacional use a la FANB para asegurarse la presencia de votantes, ante la resistencia de parte importante de la población que rechaza la Constituyente. He ahí la constancia que les anexan.

(imágenes+) 2 días de paro: disturbios y represión en la huelga general de Venezuela #28Jul

Caracas protesta contra la Constituyente propuesta por el presidente Nicolás Maduro.

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Dos muertos y al menos 200 detenidos dejó paro cívico contra Maduro y la #ANC

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Caracas, 21 de julio. EFE.- La oposición redobló este jueves la presión contra el presidente Nicolás Maduro con una huelga general que paralizó zonas enteras en varias ciudades y se saldó con dos muertos y al menos 200 detenciones durante los cortes masivos de calles que acompañaban al paro.

Manifestantes que impedían la circulación con basura, ramas de árbol y otros obstáculos se enfrentaron con las fuerzas del orden después de que estas intentaran despejar vías públicas en distintos lugares de Caracas y el interior del país. Ronney Tejera, de 24 años, murió al ser herido por arma de fuego en una manifestación en la ciudad de Los Teques, en un incidente confirmado por la Fiscalía en el que resultaron heridas tres personas y del que la fuente no ofreció detalles.

Foto: EFE

El otro fallecido es Andrés Uzcátegui, de 23 años, que murió durante una manifestación en la céntrica ciudad de Valencia, en la que se registraron, además, 6 heridos, según la Fiscalía, lo que eleva a 98 los decesos en la ola de protestas en el país. El paro es parte de la “fase superior de la lucha cívica”, activada por la oposición después de que el pasado domingo 7,4 millones de ciudadanos rechazaran en una consulta organizado por la oposición la Constituyente impulsada por Maduro para modificar la Carta Magna.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que ha publicado imágenes de calles desiertas con los comercios cerrados en numerosas ciudades, cifró en 85% el cumplimiento del paro general. El éxito del paro fue contestado por la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), que aseguró que no tuvo convocatoria y los empleados acudieron a sus puestos “como todos los días”.

Opositores y grupos pro derechos humanos como el Foro Penal Venezolano (FPV) denunciaron la represión de la Guardia Nacional (GN) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB), contra quienes interrumpían el tráfico, señalando que se registraron más de 200 detenciones.
Uno de los escenarios de los citados disturbios fue el municipio de Sucre, cuyo alcalde, el opositor Carlos Ocariz, fue responsabilizado por Maduro de un ataque a la sede de la televisión VTV.

Foto: EFE

Esta previsto que esta Asamblea Constituyente se elija el 30 de julio y es vista por la oposición y numerosos sectores sociales como un intento oficialista de “consolidar la dictadura” en Venezuela. Su retirada es la principal exigencia que hace la oposición y los manifestantes a Maduro.

las 3 vías para salir: “negociar salida, dialogo bipartidista o guerra civil en puerta”

  7 de julio de 2017

Durante las últimas semanas se han renovado los esfuerzos diplomáticos, especialmente por parte de algunos países latinoamericanos y europeos, para que la crisis venezolana pueda alcanzar una solución negociada. Se ha popularizado también la expresión de que “el tiempo del diálogo pasó” y que ya es tiempo de una “negociación”. No cabe duda de que esto es lo deseable, pues entre otras cosas implicaría el pronto cese de los asesinatos que, a razón de uno por día, han venido marcando estos tres meses de protestas ciudadanas, abriendo además la posibilidad de que se recuperara una relativa paz en Venezuela.

No obstante, es claro también que dicha negociación se presenta como algo muy complejo. No se trata de un caso excepcional. Todas las negociaciones destinadas a manejar conflictos políticos que han rebasado el umbral de la violencia son difíciles y ameritan importantes dosis de reflexión, paciencia, comunicación, creatividad y habilidad diplomática. Es habitual que las personas que se sumergen en estos procesos (especialmente los negociadores mismos) requieran modificar sus puntos de vista iniciales, incluso una parte de sus creencias más profundas, para lograr comprender en alguna medida el punto de vista del otro y aceptar ceder parcialmente en sus propias demandas. Una negociación pasa así por una mutua concesión: nadie queda plenamente satisfecho, pero los términos del acuerdo permiten una mejoría en las condiciones de las partes en conflicto.

He ahí, entonces, dos de las claves necesarias para que todo proceso de negociación en medio de un conflicto violento funcione: se requiere que ambas partes puedan ceder en algún aspecto y estar en capacidad de sacrificar algunos de sus objetivos. Igualmente, se requiere la percepción más o menos generalizada en ambos bandos de que a través del conflicto no se pueden alcanzar los objetivos deseados. Algunos expertos en el ámbito hablan incluso de la necesidad de que un conflicto esté “maduro” para que una posible mediación pueda funcionar; lamentablemente, esa “madurez” se refiere al hecho de que el conflicto haya alcanzado ya cotas sumamente dolorosas, al punto de que mantener la refriega se haya hecho particularmente costoso y estéril.

En el caso concreto que nos ocupa, nos preguntamos si las condiciones actuales favorecen algún tipo de negociación. Por un lado, no está claro que ambas partes consideren que no serán capaces de alcanzar sus objetivos a través del conflicto; más bien al contrario. Por un lado, el régimen no sólo no refrena sino que además intensifica su represión. Tal como señalamos en un artículo anterior, su comportamiento demuestra la voluntad de suprimir las elecciones tal como se las ha conocido en Venezuela en los últimos tiempos, y a pesar del obvio carácter dictatorial de este propósito, el régimen ya está asumiendo los costos políticos inherentes. Ceder implicaría, en un mediano plazo, la salida del poder por parte de numerosos personajes que tienen graves cuentas pendientes con la justicia.

Por otro lado, la ciudadanía que ha decidido enfrentar al régimen parece convencida de que sólo mediante su permanente protesta y movilización podrá obtener lo que mediante canales legales e institucionales se le ha impedido. Los precedentes fortalecen esta convicción, ya que en los intentos anteriores para lograr soluciones negociadas el régimen chavista no cumplió prácticamente ninguno de los compromisos asumidos. Por otro lado, cabe preguntarse en qué puede ceder la sociedad democrática, cuando no emplea armas en sus protestas, se le impide articularse institucionalmente y además es objeto de políticas que la están sumiendo en una miseria estructural. La sociedad democrática ha llegado a conocer suficientemente bien la naturaleza del proyecto oficialista como para saber que su permanencia en el poder terminará de convertir a Venezuela en una sociedad cerrada y extremadamente empobrecida y violenta.

Foto: George Castellanos / AFP

Ante tales condiciones, la negociación no se plantea entre grupos equivalentes, ni puede exigir sacrificios o concesiones equivalentes. En el caso de la sociedad democrática, la desmovilización en estos momentos significaría la derrota absoluta, pues se quedaría sin su única herramienta útil para presionar por algún tipo de salida o acuerdo, y a merced de un régimen que unilateralmente modificará la actual organización del Estado a través de una supuesta asamblea constituyente con el objeto de cambiar la forma política republicana que se ha dado la nación.  Es perfectamente lógico suponer que dicha modificación y sus resultados impedirán totalmente la realización de elecciones en condiciones propias de una democracia digna de tal nombre.

Las soluciones negociadas a los conflictos políticos buscan, ante todo, alcanzar la paz. Pero por paz podemos entender muchas cosas. La condición inherente a una paz estable y duradera es la justicia. Un acuerdo negociado que no se fundamente en la instauración de unas mínimas condiciones de justicia puede ser una tregua, o bien la condena de uno de los bandos a la dominación del otro, pero no constituirá la base de una paz duradera, digna de tal nombre. En el caso venezolano actual, los acuerdos que el régimen estaría dispuesto a aceptar son aquellos que le permitirían permanecer en el poder. En ese sentido, lo único que pudieran alcanzar los demócratas por esa vía serían algunas “garantías” de que no serán encarcelados o procesados judicialmente por la dictadura, la liberación de algunos de los presos políticos y, en el mejor de los casos, algunas modificaciones en el actual modelo económico que permitan una leve mejoría de las condiciones de vida de la población. Esto último, sin embargo, parece difícil de creer cuando el régimen, lejos de flexibilizar su política económica ante la quiebra absoluta de la nación, no ha hecho más que ratificarse en su línea de control total.

El único acuerdo negociado que podría mejorar estructuralmente la situación actual, estableciendo las bases de una paz duradera y estable, pasa necesariamente por la posibilidad de que se produzca un cambio de régimen político hacia una situación más democrática, en la que quienes abandonan el poder obtengan ciertas garantías mínimas (cuyos términos será muy difícil  definir), donde los militares faciliten el cambio de régimen y en donde el chavismo más democrático pueda renovarse y convertirse en una fuerza política que acepte competir en el marco de un mínimo pluralismo político. Lo ideal sería, además, que ese cambio político sucediera a través de la realización de elecciones limpias, justas y competitivas. No obstante, en las condiciones actuales eso parece mucho pedir.

La realidad actual es sumamente cruda y se plantea como el dramático choque entre un régimen que ya asume su condición autocrática sin tapujos y una sociedad democrática que hace sus últimos esfuerzos para defender sus libertades. Si hasta principios del 2017 la comunidad internacional se limitó a respaldar e intentar facilitar tímidamente algunos intentos de diálogo totalmente manipulados por el régimen, durante los últimos meses ha intentado ir un poco más allá, ejerciendo alguna presión sobre éste para que desista de su “constituyente” y cese su brutal represión. Lo anterior aún es insuficiente. El loable deseo de proceder multilateralmente ha postergado acciones más directas y demorado medidas más drásticas, mientras Venezuela sigue cayendo en el abismo. A estas alturas, si el deseo manifestado desde el exterior de que en el país se desarrolle algún tipo de negociación no es más que una cómoda y poco comprometida salida diplomática, entonces habrá que asumir que es necesario desarrollar una presión mucho mayor, capaz de equilibrar las fuerzas en conflicto y de forzar negociaciones expresamente orientadas hacia el único tipo de acuerdo que en verdad pueda conducir a Venezuela hacia una situación de verdadera justicia y paz: un acuerdo que expresamente facilite la transición hacia la democracia. El tiempo para ello se va agotando.

@MPvenezolano Fiscalía pide a EEUU datos sobre el caso de los “narcosobrinos” #4Jul

Narcosobrinos

03/07/2017
EEUU | EFRAÍN CAMPOS FLORES | FRANQUI FRANCISCO FLORES DE FREITAS | MINISTERIO PÚBLICO | NARCOSOBRINOS | NARCOTRÁFICO |

El Ministerio Público ratificó su solicitud de una carta rogatoria al gobierno de Estados Unidos para poder conocer más detalles del caso sobre los ciudadanos Efraín Campos Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, quienes están detenidos en esa nación por delitos de narcotráfico.

Los ciudadanos Flores, sobrinos de la primera dama de Venezuela, Cilia Flores, fueron detenidos en 2015 por estar vinculados con el tráfico de sustancias ilícitas a EEUU.

Ambos sujetos fueron declarados culpable del delito de narcotráfico el pasado 18 de noviembre de 2016, tras casi un año de estar detenidos en la nación estadounidense, por estar ligados a una transacción de casi 800 kilos de droga en Haití.

En varias ocasiones, se declararon inocentes de todos los cargos, a pesar que durante el juicio salieron a relucir declaraciones en las que afirmaban tener el “control” del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, específicamente en la “Rampa 4″, usada solo por el Presidente de la República.

Incluso, el empresario petrolero Wilmer Ruperti se “ofreció” a pagar la defensa de los sobrinos de Cilia Flores.

El  pasado 25 de noviembre de 2016, el Gobierno venezolano calificó de “ataque deliberado” lo que ocurrió con estas personas. Hasta la fecha no han tocado más el tema.

 

 

¡Más pobreza! 71% de los venezolanos entre 18 y 20 años “no es bachiller”, según estudio

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Caracas, 30 de junio.- El  secretario de Educación del estado Miranda, Juan Maragall, publicó unos estudios  del Centro de Información para la Mejora de los Aprendizajes en América Latina (Cima) en los que se determinó que 71% de los venezolanos de 18 a 20 años “no es bachiller” y “solo tendrán acceso a empleos precarios y poca oportunidad de superar la pobreza”.

Asimismo, indicó que en Venezuela la tasa de culminación de bachillerato “es de las más bajas de América Latina”. Mientras que 87% de venezolanos culmina primaria, “solo el 28% es bachiller”.

El informe destacó que en países como Chile, el 80% de sus ciudadanos son bachilleres y en Ecuador, el 58% lo logran. “La bajísima tasa de aprobación de bachillerato en Venezuela es consecuencia de erradas políticas educativas y causa de graves problemas sociales”, dijo.

 

El House of Cards a la Venezolana con una politica a lo Frank Underwood

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31/05/2017

CILIA FLORES | DIOSDADO CABELLO | FRANK UNDERWOOD | HOUSE OF CARDS | MADURO | POLÍTICA |

La política venezolana hace que las situaciones de House of Cards, la serie de Netflix, se vean hasta pequeñas en comparación, con un Frank Underwood sin Constituyente plenipotenciaria. Un pelele en comparación con quienes manejan por completo un país petrolero dominando casi todas sus instancias institucionales, o destruyendo u obviando a las que escapan de sus garras

El enemigo externo. La lucha del poder por el poder. El desprecio a la alternabilidad. El gusto por el nepotismo. El uso de la propaganda negra. El desprecio por el contrario. Las alianzas circunstanciales, efímeras pero interesadas. El abandono al que dejó de ser útil. Una mujer moviendo hilos del poder.

Cualquiera que lea ese conjunto de elementos pensará que se trata de un retrato de la política venezolana, de la revolución bolivariana, de las intrigas palaciegas de Miraflores, la historia reciente de un régimen político concentrado en seguirlo siendo. Pero no, se trata de los elementos integrados a la fórmula de House of Cards, la serie de Netflix que publicó los episodios de su quinta temporada este 30 de mayo.

Un nuevo ciclo que muestra el resultado del cambio en la dirección creativa del programa. Adiós Beau Willimon, hola Melissa James Gibson y Frank Pugliese quienes retoman los mejores elementos de las primeras dos temporadas –el foco en la política y la inteligencia maquiavélica de los personajes en desmedro de los relatos interiores y más emocionales– y aprovechan el mejor legado de su antecesor, el Plan de la Patria de Willimon resumido en una escena de 2016: Claire Underwood (Robin Wright), la primera dama, mirando fijamente a cámara por primera vez y rompiendo para siempre su cuarta pared.

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Una serie escrita y que comenzó su proceso de producción antes de que Donald Trump pisara la Casa Blanca en Washington ya no como invitado sino como inquilino. Unos capítulos para la era Trump, pero pensados antes de la era Trump. En 2017, además, la ficción ha dejado de ser considerada como “exagerada” frente a un gobierno –el norteamericano– donde el abuso de poder es patente, el bullying político es cotidiano y la sorpresa se va quedando fría ante el ritmo de los escándalos.

Pero Venezuela se escribe desde el futuro con tramas aún más insólitas. Y no de ahora. Es el país gobernado por Maduro, cuyos sobrinos están condenados por tráfico de drogas; los magistrados despojan del poder al Parlamento electo; se vive en estado de excepción continuado por año y medio aunque el coto legal es de seis meses; el Vicepresidente y varios ministros son acusados de negociar estupefacientes; una ex magistrada es pillada en el principal aeropuerto internacional del país viajando con un presunto narcotraficante que llevaba casi un mes en el territorio y no había sido encarcelado a pesar de tener alerta roja y orden de captura; el asesino de una periodista que portaba chapa policial escapa del país y confiesa su crimen desde otras fronteras para luego regresar a Venezuela y pasearse con su cara bien lavada; un niño se cae en una alcantarilla que lleva cinco años rota y con muchas peticiones para ser reparada y desaparece junto a su madre que se lanzó a buscarlo; la niñera de los hijos de un ministro viaja armada a otro país en un avión oficial supuestamente para llevarle unos papeles…

Ni Beau Willimon, y ni siquiera Aaron Sorkin, tienen una mente que produzca esa ni otras situaciones con las que a diario lidian los venezolanos. “Tenemos muy malos actores pero unos guionistas mucho más crudos, más vehementes”, dice el politólogo Nicmer Evans. El diputado Miguel Pizarro cree que en el país “cuando crees que sabes la trama algo cambia; nosotros tenemos acá a Orwell y Asimov aparte de los de House of Cards”. Pero el politólogo Guillermo Aveledo Coll pone un tanto de seriedad: “Aquí nadie actúa, y la sangre que corre no es maquillaje. Debemos percatarnos que esto es dramático, pero no es ficción.

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El también profesor de las universidades Central y Metropolitana, asegura que la política venezolana es “un mundo lleno de ambición, crueldad y violencia que sorprende hasta a los más cínicos”, mientras que el programa de televisión “es un culebrón, una fantasía lúdica de alguna mente autoritaria, por lo cual ilustra bien esas conductas amorales; aunque, cuidado, deshumanizar al villano (y Frank Underwood lo es) nos da la fantasía de creer que los humanos ‘normales’ seríamos incapaces de las bajezas de nuestros enemigos”.

Saab sostiene que “el complejo militar-cultural-trasnacional industrial de EEUU supera la ficción. Ellos son un laboratorio propio en sí mismo para sus afanes de mantener dicho imperio, el más poderoso de la Tierra. Mas allá de la transculturizacion que hace su labor de lavar cerebros e implantar falsas realidades desde Estados Unidos hacia las naciones de Latinoamérica y el mundo, con el fin último de la dominación de antivalores para domesticar a los pueblos, donde los movimientos contraculturales estadounidenses de hippies, pacifistas, juveniles de izquierda de los años 60 que quisieron rebelarse frente a eso fueron infiltrados y exterminados; ellos son ellos y nosotros somos nosotros”.

Pizarro es asiduo del seriado de Netflix, pero reconoce la distancia entre el drama y la realidad, especialmente en estas fronteras. “Creo que algunas similitudes se pueden ver más en el gobierno: un Presidente que cree que la democracia está sobrevalorada, el uso de cualquier herramienta para mantener el poder y el uso de la inteligencia de datos e información para buscar moldear conductas”. En otra acera, Nicmer Evans, quien aún se define como chavista pero adversa al Ejecutivo, asegura que en Miraflores se evidencia una “intencionalidad pragmática de preservación del poder por el poder mismo, y eso es uno de los elementos que puede coincidir con el espíritu de la serie”. Pero va más allá: “Creo que algunos asesores del gobierno de mediano rango están influenciados por esa vocación generada desde el punto maquiaveliano de la serie, con el marketing político”.

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La obsesión por el poder, una capaz de imponerse a todo escrúpulo, guía a Frank Underwood quien, además, “desprecia a quienes no tienen esa misma visión, como a quienes valoran más el dinero o el sexo”, dice Carmen Beatriz Fernández, directora de la firma Dataestrategia. Es un “animal de poder muy bien logrado, que tiene sus análogos en Venezuela”, agrega. La magister en campañas electorales, con amplia experiencia en la política “de verdad”, cita sin embargo una diferencia fundamental: “Muchas de las cosas que pasan en Venezuela jamás podrían ocurrir en la serie, pues ella se basa en la política corrupta o cómo la política se corrompe, pero en un marco de acción donde las instituciones están separadas, tienen sus funciones y sus espacios de juego; donde Frank busca evitar las actuaciones de un sistema donde el poder está legítimamente separado”.

La producción protagonizada por Kevin Spacey y Robin Wright, que en su quinta temporada los enfrenta electoralmente a Joel Kinnaman (en el personaje Will Conway), es, a juicio de Aveledo, una representación pobre de las democracias organizadas “donde el autoritarismo arquetípico de Frank y Claire Underwood es muy caricaturesco, y no muy didáctico, porque desmerece la ideología y los intereses sectoriales como fuente crucial de diferencias. Todo depende de la personalidad de las figuras, y eso puede confundir”. Evans coincide, y pide tener cuidado con tomar “aprendizajes” del drama pues “su objetivo es visibilizar la crudeza de las prácticas de la política con una visión muy pragmática”, a menos que sea justamente eso lo que alguien busque explorar con una gran dosis de “preservación ética”.

El defensor del pueblo Tarek William Saab cree que el seriado solo proyecta “la dinámica política de la traición de unos contra otros, de la ambición desmedida de poder (incluso de la esposa del protagonista contra su propio marido); de la inmoralidad exacerbada, etc. Nada es edificante con los antivalores. De allí no hay nada que aprender sino entender que la política es un servicio público para auxiliar al prójimo, para apoyar las causas nobles y justas. Nada de eso enseña esa serie”.

Pizarro juguetea más, y se atreve incluso a enumerar algunas enseñanzas: “Primero, que los chinos y los rusos siempre están metidos en los rollos de los demás; el dinero y las armas los mueven. Luego, que hay quienes rezan por ser gobierno por siempre sin que se dé un solo voto por ellos. Y que un parlamento con competencias puede cambiar una historia”.

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Henrique Capriles no ve la serie. Julio Borges tampoco. María Corina Machado nunca le ha dado play. Maripili Hernández no se ha asomado ni al primer capítulo. Héctor Rodríguez y Víctor Clark tampoco hablan de ello. Tarek William Saab confiesa haber visto algunos episodios de 2016 solamente, y perderle la pista después. Guillermo Aveledo justifica: “Están haciendo cosas más importantes, sin duda”.

“Esa serie la he visto ocasionalmente, de forma fragmentada, y los pocos capítulos vistos pretenden describir al estilo ‘hollywoodense’ una sodoma y gomorra del siglo XXI a lo yanqui. No le veo similitudes con Venezuela, pues la trama es típicamente ‘gringa’, escrita y adaptada para ese gran público estadounidense que se mimetiza en ese submundo de asociar la política con los antivalores de la depravación, el crímen, la deslealtad, el consumo de drogas, la institucionalización del chantaje, la extorsión, etc”, dice Saab. El exgobernador de Anzoátegui afirma que “la dinámica política en Estados Unidos, de los tiempos de Nixon-Kissinger hacia acá, ha sufrido de esas mutaciones”.

Carmen Beatriz Fernández no sabe si es buena o mala señal que el liderazgo nacional no se pegue a esa pantalla. “La vida real es mucho menos turbia de lo que muestra la serie. Los políticos de verdad suelen ser más escrupulosos y más motivados por el deseo de lograr cambios y hacer cosas, aunque el poder sí sea una constante y el común denominador. La política no es tan sórdida como en ese programa, ni tan idealista como en los libros de texto”.

Eso sí, muchos nombres de la política venezolana encuentran en algunos momentos de los episodios lustrosos espejos. Hay paralelismos muy claros, “tantos que sería indiscreto mencionarlo, especialmente porque no estamos en una democracia. Salvo en la influencia de los dineros externos a la política: aquí la corrupción es centrífuga, no centrípeta, desde el Estado-PSUV”, apunta Aveledo.

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Miguel Pizarro asoma que “pareciera que hay varios (Doug) Stamper por ahí sueltos. Y estoy seguro que Raymond Tusk es la versión en ficción de un enchufado local”. El diputado incluso va más allá al afirmar que “Cilia manda más que Claire”. Justamente ese matrimonio presidencial venezolano es el que produce la analogía más interesante para la directora de Dataestrategia, pues el de los Underwood de ficción es uno donde “el poder es la base fundamental de la unión” que sirve de marco para comparar a los Maduro-Flores donde “la que es un animal de poder es Cilia, como se ha visto en sus acciones, incluso más que el Presidente”. La Primera Dama, que comandó la Asamblea Nacional por un lustro, ha sido señalada de seleccionar a una ficha suya como Contralor General, querer imponer a su comadre como Fiscal General –sin éxito– y haber tenido voz y voto en la definición de varios magistrados del TSJ.

Nicmer Evans pone el ojo en otra dupla, la de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Este último, a su juicio, “quizá puede ser el que más puede tratar de emular los principios de Underwood”.